
El amor se coló entre la mugre y la luz celestial, así no confundí las estrellas con las rocas.
Las hojas caían al son del movimiento rítmico y el fuego quemaba a cada instante mi ropa, dejando solo una mirada compartida y una grata compañía.
Confesare. ¡Tengo miedo! de mirarte un segundo más y entre mis confesiones descubro tu alma, soy feliz… solo recuerdo la noche sin luna y la maravillosa aparición de tu iluminada presencia.
MeLina